A mis veintitantos años ya me habían propuesto matrimonio dos veces, había vivido en otro país e incursionaba en mi tardía adultez. Trabajé por un tiempo como vendedora (como ya les había contado), e intenté iniciar dos carreras intermedias, pero no estaba destinada a dibujar afiches ni a inventar lemas ni “jingles” para la televisión. Mi cabeza era un compendio de fragmentos que no me permitían definir hacia dónde debía seguir. Mis padres, junto al psicoanálisis y la poesía, me salvaron de caer en el vacío de la inutilidad. Soñaba con ser sicóloga, antropóloga, cantante, escritora, abogada, o titiritera, según me recuerda mi madre, eso, con la idea de querer salvar al mundo … sin pensar en cómo debía salvarme a mí misma. Durante esos momentos en que, se nublaba el futuro, mis ojos se llenaban de lágrimas y los pensamientos negativos me afligían, arribaban imágenes que plasmaba en palabras. No pensaba, sólo sentía. Así surgieron parte de los fragmentos que compartiré con ustedes.
FRAGMENTOS DE VIDA


La palabra “fragmento” deriva del latín «fragmentum», que puede traducirse como «parte de algo» y es fruto de la suma de los siguientes componentes léxicos: el verbo «frangere», que es sinónimo de «quebrar»; el sufijo «-mento», que es equivalente a «instrumento» y a «resultado».
I
Embrión:
Capullo perfumado tu cuerpo.
Muévete aún en el espacio infinito;
desplázate prontamente y
ten cuidado, el tiempo es breve,
la muerte podría tomarte de la mano.
II
Tan sólo tenlos dentro de ti
como un epigrama polvoriento
para que nadie los vea…
no los compartas, únicamente hazlo con el viento.
III
Arcilla:
entrañas de ceniza,
candelabro azul,
son tus dedos de barro
los formadores del Cosmos.
IV
Mal trueno que desbocado corres, latido.
No hay paz interna. Luz de sombras de enajenado lamento son milenios de pisadas que arrastran grillos grises.
Silencio absoluto: el amuleto ha desaparecido.
V
Humo gris en silencio,
líquido frío, terso: palpa los poros con su suavidad…
Tiembla el viento…
Ensueño, hubo tormenta…
Se desbordan las perlas del océano.
VI
La marchité entre mis dedos
Después de haberla tomado
aspiré su aroma…la llevé a mi entierro.
Dame luz: el alma ha muerto.
VII
Rocío nacarado venido del cielo.
Es el sudor un fragmento de sal- océano
con calor de lluvia desatada
en donde hay cadenas y cuervos.
VIII
En la noche de vidriosos ojos con estelas de cabellos, hay gemidos susurrantes que corren y vuelan y se revuelcan entre nubes de incienso, donde es insomnio y tortura el estruendoso sueño.
IX
El arcoíris quejumbroso
es el delirio armónico del clavicordio
con sus notas, ardor y rojo centelleo.
X
Música:
Eres el lírico canto que aligera
las veladas nubes del ocaso,
y que, al despertar íntegro en el espacio,
te hace melodía.
Es tu vaivén el que estremece
las fibras del ser o no ser
y eres el ritmo que hace vibrar
el cuerpo amordazado.
Sin ti,
No tendría sentido la existencia misma.
Blanca Josefina Betancourt Massott
“Cazadora de Sueños”

