

Martín era zurdo, pero en la escuela lo obligaban a escribir y hacer todo con la mano derecha. «Como debe ser», decían. Así que se volvió ambidiestro. Aunque su primer reflejo, cuando necesitaba protegerse o agarrar algo era usar la izquierda, logró controlarlo para engañar a sus profesores.
Durante el servicio militar, en medio de una emboscada terminó peleando cuerpo a cuerpo con un guerrillero. Mientras forcejeaban, resbalaron y rodaron por el suelo; su enemigo cayó sobre las puntas oxidadas de una antigua reja peligrosamente izada entre un montón de escombros.
Martín vio cómo las púas atravesaban el pecho del hombre. La sangre que brotaba y los estertores de la agonía lo envolvieron en una especie de niebla hipnótica. Quedó paralizado, pensando que pudo ser él quien hubiera corrido con esa suerte.
De repente, escuchó pasos a su espalda. Alcanzó a ver el brillo de la hoja de un machete descendiendo hacia él. Por instinto, se cubrió con la mano izquierda, que fue amputada casi al instante. Un compañero logró dispararle al agresor y le salvó la vida, pero Martín perdió el sentido y luego no recordaría mucho más del incidente.
Desde entonces, cada noche, al dormirse revivía una escena terrible: su mano izquierda lo sujetaba del cuello y lo asfixiaba mientras le gritaba: «¿Por qué me mataste?» La derecha, más débil, apenas intentaba defenderlo. Cuando el aire comenzaba a faltarle, despertaba empapado en sudor, con dolor muscular en todo el cuerpo, incluso en el miembro ausente.
Durante el día llevaba una vida funcional, pues se había acostumbrado a valerse de la mano derecha tan bien como de la izquierda. Pero el mismo episodio se repetía noche tras noche.
Pasaron varios años de insomnio y desesperación, hasta que se enteró de una técnica que permite tomar decisiones dentro de los sueños y volverlos lúcidos. El paso más importante en ese proceso consiste en determinar si la experiencia es real o no. Con la esperanza de recuperar la tranquilidad en su vida, se concentraba profundamente antes de dormirse para tratar de lograrlo
Después de muchos meses de práctica, una noche comprendió que no estaba despierto y logró el control. Se abstuvo de pelear con la mano izquierda mientras lo estrangulaba. Relajó por completo su cuerpo… y descansó para siempre.
Blanca Ruiz
Escritora en ciernes
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